miércoles, 4 de diciembre de 2013

A day with Ingara

Recuerdo pasear maravillada por las mercerías que mi madre visitaba cuando era pequeña, ella buscaba botones y encajes para los vestidos, abrigos y conjuntos que confeccionaba con tanto amor. Me perdía entre los colores y las diferentes formas de toda clase de accesorios, guardados en aquellas montañas de cajas que cubrían las paredes de los establecimientos.

Cuando paseo por una ciudad y encuentro una antigua mercería, de esas supervivientes que resistieron todas las crisis de nuestra sociedad, una llamada interior me obliga a detenerme en su escaparate y a entrar para curiosear aunque solo sean unos minutos y llevarme, cual tesoro debidamente custodiado, un raro botón para mi colección.

Siempre creativa y risueña mi madre no ha dejado de crear con sus manos piezas dignas de la “haute couture”, pero la voraz industria textil ha desbancado a las mujeres que, como mi madre, remendaban la ropa o le daban nueva vida y color con sus manos. Ya no resulta más económico que ir al imperio Inditex, al mercadillo o incluso a los nuevos “todo a Cien”, para renovar tu viejo vestuario.

Por suerte para aquellos que disfrutamos del valor añadido el movimiento DIY está ganando adeptos, la creatividad y la artesanía se mezclan para crear piezas únicas, con su propia historia y alejadas de la esclavitud escondida tras el mercado convencional.

Una pequeña tienda de Vigo, creada y liderada por Paula, una joven emprendedora y gran artesana gallega, abre sus puertas a todas aquellas personas interesadas en comenzar a crear con sus manos. Ofreciendo cursos para introducirse en el universo del swarovski, el soutache, el pintado de tela o la creación de hermosos tocados. También todas las “crafties” pueden encontrar el material necesario para sus propias creaciones.

Ingara es un lugar casi sagrado, donde sus “alumnas” se sienten como en casa y  renuevan esa antigua tradición de las mujeres haciendo sus labores , compartiendo café, confesiones y buena compañía al calor de un buen fuego.  No es que en la tienda tengan una chimenea, pero el ambiente es tan acogedor como si así fuera.

Cada vez que visitaba a las chicas de Ingara era inevitable que esa misma admiración por las pequeñas bolitas de colores, evocase los recuerdos de mi niñez demostrándome que los nuevos conceptos pueden llevar antiguas esencias y ser igual de encantadores.


Si pasais por Vigo no dejéis de visitar a Paula y a su equipo, porque no hay nada más maravilloso que lucir o regalar piezas elaboradas con tus propias manos, tu tiempo y el mayor de los amores al hacerlo.

www.facebook.com/ingara.abalorios

















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